TELECOMUNICACIONES: LA INFRAESTRUCTURA QUE SOSTIENE EL CHILE DIGITAL

Por más de dos décadas, Chile ha construido una infraestructura de telecomunicaciones que hoy lo sitúa entre los países mejor conectados del mundo. Estas redes —fija y móvil, troncal y de última milla— son la base invisible sobre la que se sustenta la economía digital: sin ella no hay teletrabajo, comercio electrónico, salud digital, educación en línea ni inteligencia artificial posible.

Gracias a la combinación de tecnologías desplegadas en todo el territorio, hoy más del 98% de la población que vive en Chile puede acceder a Internet. Redes de alta velocidad han reemplazado a las más tradicionales de cobre con una capilaridad que avanza conectando ciudades, pueblos y hasta los puntos más distantes del territorio. La señal 5G reemplaza a ritmo vertiginoso las generaciones previas, creando oportunidades para la población a un ritmo aún mayor. Redes fija y móvil que nos conectan con el futuro, y nos insertan en la sociedad del conocimiento.

El primer semestre de 2026 cerró con 4,9 millones de hogares conectados en el país, más de un 87% de ellos con fibra óptica, en tanto, los accesos móviles, superan los 22,7 millones con 5G elevándose al 48%. Cifras que ubican a Chile entre los países con mejor infraestructura de telecomunicaciones en el mundo.

El primer semestre de 2026 cerró con 4,9 millones de hogares conectados en el país, más de un 87% de ellos con fibra óptica.

La calidad de las conexiones a Internet se refleja en los galardones que la industria recibe reiteradamente por distintas entidades internacionales. La velocidad de la red fija lidera en diversos rankings, por ejemplo, desde 2021 el país se ubica en el top five del test de velocidad de Ookla. Las ciudades chilenas también destacan: Valparaíso frecuentemente clasifica como la ciudad con la mejor velocidad del mundo, y otras tantas a lo largo del país presentan aún mejores resultados que las grandes capitales. Los operadores chilenos aparecen recurrentemente en estos rankings y reciben premios como los mejores del globo en términos de velocidad, así como resiliencia, consistencia y excelente experiencia en las redes.

A la calidad, se suman tarifas entre las más bajas del globo, 3 centavos de dólar por MB. En la última década según un estudio de la UDP las tarifas han caído un 24% real , el sector con mayor reducción en nuestra economía. La combinación de bajos precios y excelente calidad, y redes que soportan la demanda de clientes que sitúan al país entre los con mayor consumo de datos per cápita: 699 GB por conexión fija y 30,4 por conexión móvil.

Hoy Chile cuenta con el 98% del territorio poblado conectado.

Es top 5 mundial en velocidad de descarga. Chile se ubica en los primeros lugares con Singapur, Emiratos Árabes Unidos, Hong Kong y Francia.

Las tarifas están entre las más bajas del globo: 3 centavos de dólar por MB

Un aporte fundamental de la industria al desarrollo del país

Todo esto ha sido posible gracias a la inversión privada. En los últimos dieciséis años, los operadores de telecomunicaciones han invertido más de US$29.000 millones —entre el 18% y el 25% de sus ventas anuales—, lo que representa la inversión per cápita más alta de América Latina. Un 99% de ese esfuerzo ha sido financiado por el sector privado, complementado por programas estatales orientados a llevar fibra óptica a localidades donde el mercado por sí solo no llega.

La industria de telecomunicaciones a través de una constante inversión y pasión por la innovación ha logrado desplegar redes de última generación fija y móvil que permiten al país contar con servicios de última generación, de alta calidad y con precios altamente competitivos.

US$29.000 millones invertidos en 16 años

Sin embargo, mantener este liderazgo no está garantizado. La industria enfrenta desafíos que requieren atención conjunta del sector público y privado. El crecimiento explosivo del tráfico de datos —impulsado por la inteligencia artificial, la nube y los centros de datos— exige inversiones cada vez mayores en redes más robustas, justo cuando la rentabilidad de los operadores se ve presionada por la intensidad competitiva, tarifas históricamente bajas y una carga regulatoria creciente. A esto se suman los atentados a la infraestructura crítica, como el robo de baterías y cortes de fibra, que ponen en riesgo la continuidad del servicio.

La brecha hoy no es de conectividad: El desafío se presenta en el acceso y el uso.

Persisten brechas relevantes. Si se incluye la oferta satelital hoy no existen puntos del país que no cuenten con una opción para acceder a Internet, no obstante, existen hogares sin acceso a la red, ya sea por falta de recursos económicos o por no saber utilizar la tecnología, o no ver beneficio en su uso.

Cerrar la brecha de acceso requiere avanzar en mecanismos de subsidio a la demanda. Avanzar en el cierre de la brecha de uso y capturar las oportunidades que emanan de la conectividad disponible requiere de estrategias para desarrollar talentos y habilidades digitales en la población, de modo que la conectividad se traduzca en un uso productivo y no solo recreativo.

La industria enfrenta otros desafíos. Es fundamental mantener la certeza jurídica, contar con espectro, simplificación regulatoria, pero también es fundamental moderar las cargas regulatorias que deterioran aun más los resultados de las empresas.

Se necesita un mayor balance en las cargas regulatorias entre los distintos actores de la cadena de valor, en línea con la redistribución de los ingresos que se ha dado en los últimos años. El negocio cambió y la regulación sigue enfocada solo en los operadores.

El desarrollo balanceado del ecosistema digital y el desarrollo de talentos digitales es clave para transformar la promesa de inserción en el futuro digital en una realidad. Solo ello permitirá capturar las oportunidades emanadas de la infraestructura de vanguardia desplegada por la industria.

Chile tiene, además, condiciones únicas para consolidarse como un polo regional de infraestructura digital: energía renovable abundante, más de 62.000 kilómetros de fibra óptica, conexión con redes de cables submarinos y estabilidad institucional. La capacidad instalada de centros de datos ya alcanza 198 MW, casi cinco veces más que hace una década, con 30 nuevos proyectos en carpeta hasta 2028 y una inversión potencial superior a US$4.100 millones.

El país requiere de un desarrollo de los diferentes actores del ecosistema digital a través de la existencia de políticas que permitan generar los componentes necesarios para la transformación digital de empresas y del Estado.

Atraer inversiones y los mejores talentos globales es necesario para llevar al país a posiciones de liderazgo en el mundo digital, con servicios de valor agregado. Por ejemplo, el impulso a data centers no solo debe quedarse en esa infraestructura, sino que deben emerger las start up y servicios que permite la conectividad, la capacidad de almacenamiento y de proceso. Se debe poder capturar ese valor agregado en el país, o estaremos exportando el equivalente a las materias primas, sin industrialización.

No es suficiente el impulso del sector privado si no existe una adopción de las tecnologías desde el Estado y se produce un cambio en proceso coherentes con esa adopción, tanto al interior de las entidades del Estado, como en su relación con los privados, empresas y personas.

De modo similar, debemos garantizar la evolución de la educación (en todas sus formas) para tener los talentos requeridos para la sociedad digital. Tenemos una gran brecha en desempeño de los estudiantes y profesionales en la educación tradicional con los países desarrollados y esa brecha en el mundo digital se está ampliando en forma acelerada. El sistema educativo no resiste que se siga diseñando y gestionando con miradas de un mundo que ya no existe. La IA acelera aún más la obsolescencia del sistema educativo.
Debemos dejar de medir la cobertura, debemos medir el impacto en productividad, meta que va más allá de la industria.

Los diferentes gobiernos presentan en sus programas y estrategias miradas de desarrollo para diferentes sectores, pero extraña la falta de una mirada estratégica en el mundo digital y una consideración para la industria en su rol como pilar para el desarrollo futuro.

Se requiere una visión país

El desafío de los próximos años es claro: proteger la infraestructura construida, generar certeza regulatoria para atraer nueva inversión y avanzar hacia una sociedad digital plena. Porque la economía digital no se sostiene sobre aplicaciones ni algoritmos, sino sobre redes. Y solo con redes robustas, protegidas y en constante expansión, Chile podrá seguir siendo protagonista de la transformación digital de la región.

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